Y en aquellos montes lejanos,
Donde creí presenciar mi soledad;
Me amaste de manera divina...
Tus caricias y besos
los hacía llegar el viento.
Tu presencia sonreía en el verdor de aquellos
arboles;
Arboles que me creyeron sola;
Pero susurraste en bello canto;
Ella es mía...
Desde ese instante comenzó la algarabía
de todos los pájaros que su hogar fuese la
pradera;
Extasiados de tus lagrimas;
Gotas azucaradas caídas de los cielos,
Lagrimas de amor,
De dolor,
de anhelos...
Muestra palpable de que estás allí;
De que me amas más allá de la materia.
Castrillo H.(2019)
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